El engaño de las bolsas Oxo “Biodegradables”.

5 octubre, 2018 0 Por admin

Una parte de los fabricantes de bolsas plásticas han sustituido sus producciones por aquellas conocidas como Oxo-Biodegradables, con el fin de presentar a sus clientes una opción más amigable al medio ambiente.

Sin embargo, el poco conocimiento técnico que el común de nosotros tiene del área, llevó a que muchos aceptaran esta opción sin realmente cuestionarse si su cualidad de Biodegradable es algo real, o un simple tecnicismo. Por ello, lo primero es entender el tema. Acá les presentamos la realidad de las bolsas oxo-biodegradables.

¿Ser o no ser biodegradable?

¿En qué consiste el proceso Oxo-Biodegradable? Se trata esencialmente de un material que eleva la descompensación a través de múltiples etapas usando aditivos químicos, con los que se inicia la degradación. La primera etapa de dicha degradación puede iniciarse por los rayos ultravioleta de la radiación solar. La segunda etapa, mediante la tensión mecánica, degradándose por oxidación.

¿Y qué sería la bolsa Oxo-Biodegradable? Es un termoplásticos petroquímicos usual (polietileno de alta densidad, por ejemplo), que se les agrega entre un 2 y un 4% de TDPA (Totally Degradable Polymer Additives), y provoca que, al ser sometida a condiciones de temperatura, humedad y oxigenación muy particulares, se pueda degradar en un período de dos años.

Por ello, técnicamente son biodegradables, pues se degradan por acción de la naturaleza. No obstante, esto no las convierte en un elemento amigable para el medio ambiente.

El “engaño” de la oxo-biodegradabilidad

La oxo-biodegradación, desde el punto vista técnico, es una fragmentación. Pero el plástico sigue siendo plástico, que simplemente se ha dividido en partículas.

Se ha distorsionado la palabra biodegradables al término oxo-biodegradables.

La biodegradación es el consumo de sustancias por parte de microorganismos biológicos, sin dañar el medio ambiente.

Sin embargo, la oxo-biodegradibilidad es “agarrar un plástico, colocarle un aditivo, para que el plástico se fragmente parcialmente, permaneciendo en forma microscópica en el ecosistema, o sea de modo que queda invisible al ojo humano, lo cual es un engaño, pues distorsiona el propósito de la palabra biodegradibilidad.”

Para entenderlo mejor, una bolsa de plástico normal que se deshace en micro-partículas quedando, por decirlo así, miles de diminutas “micro-bolsas plásticas” en el ambiente, que de todas formas se demoran muchísimos años en descomponerse, al igual que las tradicionales bolsas plásticas. La diferencia es que ahora no las ves.

Otro problema que acarrean las bolsas oxo es que liberan metales pesados contaminantes. Como los plásticos fragmentados quedan de todas maneras en el ecosistema, provocan daños de contaminación de la napa, en las plantas y generan problemas de salud.

Las bolsas serían una amenaza para el medio ambiente, pues no se degradan de forma natural, “sino que al tener un compuesto químico derivado del petróleo en su composición, estas se disuelven en los vertederos; se rompen, pero no vuelven a formar parte del ciclo. No son compostables”.

Los plásticos oxo-degradables no pasan la norma EN 13432, que evalúa si un material de embalaje puede considerarse biodegradable bajo condiciones de compostaje y por ello son rechazados en Europa.

Alternativas sustentables

Existen varias alternativas para cambiar el uso de las bolsas plásticas.

Una de las principales alternativas son las bolsas biodegradables y compostables provenientes de fuentes naturales renovables que, expuesto a condiciones óptimas de humedad, flora microbiana y oxígeno, puede, después de varios meses, ser convertido por los microorganismos presentes básicamente en los suelos, en agua, dióxido de carbono y biomasa.

Otras alternativas son las bolsas reutilizables de algodón 100% y las de yute, que son resistentes y al ser materiales orgánicos, permiten que la degradación de la bolsa sea natural.

No se recomienda el uso de las bolsas de papel pues representan un impacto ambiental negativo por la tala de árboles, a pesar de que la fibra de papel se puede reciclar hasta siete veces sin que pierda sus características idóneas.